martes, 9 de octubre de 2012

GIOVANNI SARTORI




Giovanni Sartori (Florencia, 13 de mayo de 1924) es un investigador en el campo de la Ciencia Política  especializado en el estudio comparativo de la política. En 2005 obtuvo el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales. 





Este autor cuenta con varias obras, entre las que podemos encontrar "Homo Videns (la sociedad teledirigida)" publicada en 1997 y que aborda el papel que están desempeñando los multimedios, y la televisión en especial, en el público, así como también las características de la opinión pública en las democracias representativas de hoy, fuertemente dirigidas por el mundo de las imágenes y de los sondeos de opinión. 

La tesis central de Sartori es que la televisión y el vídeo (imagen) modifican radicalmente y empobrecen el aparato cognoscitivo del “homo sapiens”, a tal punto que anula su pensamiento y lo hace incapaz de articular ideas claras y diferentes hasta llegar a fabricar lo que él denomina un “proletariado intelectual”, sin ninguna consistencia. La cultura audiovisual es inculta y por lo tanto, no es cultura, afirma Sartori. Del “homo sapiens”, producto de la cultura escrita, se ha pasado al “homo videns”, producto de la imagen.


Respecto a lo que dice Sartori de que la cultura audio-visual destruye la capacidad de abstracción y la crítica de ideas estoy de acuerdo en un porcentaje alto , aunque no sin matizar que la cultura audiovisual también es muy enriquecedora y, por tanto, en mi opinión no deja de ser cultura, pues no debemos olvidar que también existen programas como los documentales. El problema lo encontramos cuando una persona únicamente se forma a través de este tipo de cultura, y sobre todo el problema es mayor con determinados tipos de programas basura, pues es necesario beber de muchas fuentes para poder adoptar una actitud crítica.

Sartori arremete decididamente contra de la televisión, ya que ella sería la primera escuela del niño, formado en la imagen y después transformado en un hombre que no lee, cuya capacidad de abstracción y de entender se ha visto empobrecida, puesto que la lectura obliga a forzar la mente, a imaginar aquello que leemos y a deducir lo que no se dice pero que se da a entender. La lectura nos exige un papel más activo mientras que en la cultura audiovisual somos meros receptores pasivos a los que se les da todo masticado, lo que sí creo que lleva a cierto atontamiento, pero no olvidemos que si hemos trabajado nuestra actitud crítica sabremos enfrentarnos a esta información que nos aportan los multimedia desde otra perspectiva, y en lugar de ser manipulados seremos más fuertes.

El creciente número de programas basura con los que nos saturan cada día me hace corroborar lo que este autor afirma, la somnolencia que han provocado los medios de comunicación tras tantos años de anestesia.

Todo esto llevado al ámbito educativo no quiere decir que se prescinda de esta cultura audiovisual, pues es parte del progreso y son muchos los beneficios que aporta; además tampoco es cuestión de frenar la evolución, pues todo usado de la manera adecuada enriquece.

Quizá el gran error de la educación sea que profesores del siglo veinte intenten educar a jóvenes del siglo veintiuno en escuelas del siglo diecinueve. La sociedad ha cambiado y la prioridad debe de ser ayudar para que las futuras generaciones sepan hacer un uso adecuado de este tipo de cultura, que contrasten diferentes medios y que cada uno tenga su propia visión crítica de la realidad. Aquí volvemos al tema de siempre, no podemos hacer uso de las nuevas tecnologías sin hacer un importante cambio en la metodología, adaptando de la manera correcta los medios a las necesidades. Asimismo hemos de abrir los ojos ante fenómenos como el de la multiculturalidad o las nuevas tecnologías, y en lugar de considerarlas como un lastre debemos aprovecharlas para buscar un enriquecimiento global.

Hoy en día los medios de comunicación de masas tienen una fuerza descomunal, de la que muchas veces ni somos conscientes. Diariamente nos vemos sometidos a un bombardeo de mensajes subliminales y de fórmulas que intentan condicionarnos y manejarnos; y de todo esto surgen muchos problemas que afectan a toda la población, y entre ellas destacaría a los adolescentes. Un ejemplo, entre muchos y de diferentes ámbitos que hallamos, es el de que tanto en series como en anuncios se muestra siempre un prototipo de persona triunfadora (que, por supuesto, los únicos requisito que debe cumplir es el de gran belleza y medidas perfectas) que hace que los jóvenes busquen moldearse para convertirse en alguien igual, y en muchas ocasiones acaban adentrándose en mundos tan amargos como el de la anorexia, y lo que no es menos importante, olvidando las verdaderas prioridades de la vida.
           
Esto ocurre porque no debemos olvidar que el ser humano, ante todo, es un ser social, necesita relacionarse y sentirse aceptado por la comunidad para sentirse bien; es decir, el individuo necesita afirmar su identidad al mismo tiempo que constata su pertenencia al grupo. Por lo tanto serán los individuos que se sientan marginados, desvinculados, aquellos que serán manejados con menos esfuerzo.

El sentido original del conocimiento es el de hacernos libres, y por tanto el conocimiento devuelve la posibilidad de reconocer la identidad, por tanto, hay que poner medidas para luchar contra el atontamiento que estos medios de comunicación buscan muchas veces y usarlos en nuestro beneficio.



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