Giovanni Sartori (Florencia, 13 de mayo de 1924) es un investigador en el
campo de la Ciencia Política especializado en el estudio comparativo
de la política. En 2005 obtuvo el Premio Príncipe de Asturias de
Ciencias Sociales.
Este autor cuenta con varias obras, entre
las que podemos encontrar "Homo Videns (la sociedad teledirigida)"
publicada en 1997 y que aborda el papel que
están desempeñando los multimedios, y la televisión en especial, en el público,
así como también las características de la opinión pública en las democracias
representativas de hoy, fuertemente dirigidas por el mundo de las imágenes y de
los sondeos de opinión.
La tesis central de
Sartori es que la televisión y el vídeo (imagen) modifican radicalmente y
empobrecen el aparato cognoscitivo del “homo sapiens”, a tal punto que anula su
pensamiento y lo hace incapaz de articular ideas claras y diferentes hasta
llegar a fabricar lo que él denomina un “proletariado intelectual”, sin ninguna
consistencia. La cultura audiovisual es inculta y por lo tanto, no es cultura,
afirma Sartori. Del “homo sapiens”, producto de la cultura escrita, se ha
pasado al “homo videns”, producto de la imagen.
Respecto a lo que dice Sartori de que la cultura audio-visual destruye la
capacidad de abstracción y la crítica de ideas estoy de acuerdo en un
porcentaje alto , aunque no sin matizar que la cultura audiovisual también es
muy enriquecedora y, por tanto, en mi opinión no deja de ser cultura, pues no
debemos olvidar que también existen programas como los documentales. El
problema lo encontramos cuando una persona únicamente se forma a través de este
tipo de cultura, y sobre todo el problema es mayor con determinados tipos de
programas basura, pues es necesario beber de muchas fuentes para poder adoptar
una actitud crítica.
Sartori arremete
decididamente contra de la televisión, ya que ella sería la primera escuela del
niño, formado en la imagen y después transformado en un hombre que no lee, cuya
capacidad de abstracción y de entender se ha visto empobrecida, puesto que la lectura
obliga a forzar la mente, a imaginar aquello que leemos y a deducir lo que no
se dice pero que se da a entender. La lectura nos exige un papel más activo
mientras que en la cultura audiovisual somos meros receptores pasivos a los que
se les da todo masticado, lo que sí creo que lleva a cierto atontamiento, pero
no olvidemos que si hemos trabajado nuestra actitud crítica sabremos
enfrentarnos a esta información que nos aportan los multimedia desde otra
perspectiva, y en lugar de ser manipulados seremos más fuertes.
El creciente número de
programas basura con los que nos saturan cada día me hace corroborar lo que
este autor afirma, la somnolencia que han provocado los medios de comunicación
tras tantos años de anestesia.
Todo esto llevado al ámbito educativo no quiere decir que se prescinda de
esta cultura audiovisual, pues es parte del progreso y son muchos los
beneficios que aporta; además tampoco es cuestión de frenar la evolución, pues
todo usado de la manera adecuada enriquece.
Quizá el gran error de la educación sea que profesores del siglo veinte
intenten educar a jóvenes del siglo veintiuno en escuelas del siglo diecinueve.
La sociedad ha cambiado y la prioridad debe de ser ayudar para que las futuras
generaciones sepan hacer un uso adecuado de este tipo de cultura, que
contrasten diferentes medios y que cada uno tenga su propia visión crítica de
la realidad. Aquí volvemos al tema de siempre, no podemos hacer uso de las
nuevas tecnologías sin hacer un importante cambio en la metodología, adaptando
de la manera correcta los medios a las necesidades. Asimismo hemos de abrir los ojos ante fenómenos como el de la
multiculturalidad o las nuevas tecnologías, y en lugar de considerarlas como un
lastre debemos aprovecharlas para buscar un enriquecimiento global.
Hoy en día los medios de comunicación de masas tienen una fuerza
descomunal, de la que muchas veces ni somos conscientes. Diariamente nos vemos
sometidos a un bombardeo de mensajes subliminales y de fórmulas que intentan
condicionarnos y manejarnos; y de todo esto surgen muchos problemas que afectan
a toda la población, y entre ellas destacaría a los adolescentes. Un ejemplo,
entre muchos y de diferentes ámbitos que hallamos, es el de que tanto en series
como en anuncios se muestra siempre un prototipo de persona triunfadora (que,
por supuesto, los únicos requisito que debe cumplir es el de gran belleza y
medidas perfectas) que hace que los jóvenes busquen moldearse para convertirse
en alguien igual, y en muchas ocasiones acaban adentrándose en mundos tan
amargos como el de la anorexia, y lo que no es menos importante, olvidando las
verdaderas prioridades de la vida.
Esto ocurre porque no debemos olvidar que el ser humano, ante todo, es un
ser social, necesita relacionarse y sentirse aceptado por la comunidad para
sentirse bien; es decir, el individuo necesita afirmar su identidad al mismo
tiempo que constata su pertenencia al grupo. Por lo tanto serán los individuos
que se sientan marginados, desvinculados, aquellos que serán manejados con
menos esfuerzo.
El sentido original del conocimiento es el de hacernos libres, y por tanto
el conocimiento devuelve la posibilidad de reconocer la identidad, por tanto,
hay que poner medidas para luchar contra el atontamiento que estos medios de
comunicación buscan muchas veces y usarlos en nuestro beneficio.


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